Historia de los ESCRITOS DE URANTIA
© Ángel F. Sánchez Escobar
CAPÍTULO VIII
"Os habéis quedado solos”
Clarence Bowman, miembro del foro desde 1923, comunicó a su familia que el foro y la comisión de contacto estaban deseando que terminara la Segunda Guerra Mundial porque estaban convencidos de que The Urantia Book finalmente se publicaría[147]. Cuando terminó la guerra, parecía que el planeta había pasado por una pesadilla que había amenazado su existencia misma, y al final pudo conseguirse la paz. Sin embargo, cerca del fin del conflicto, una serie de explosiones atómicas presagiaban una nueva amenaza para la civilización. Y pisándole los talones, el comunismo empezaba una incansable campaña de conquista del mundo.
El doctor Sadler le contó a Meredith J. Sprunger que los reveladores informaron a la comisión de contacto, inmediatamente tras la guerra, que creían que el comunismo representaba la mayor amenaza a la religión de Jesús y a la libertad de la humanidad jamas existida. Los reveladores se alarmaron ante el emergente espectro de la Tercera Guerra Mundial y su más urgente prioridad era evitar un conflicto así. En enero de 1946 los Medianos Unidos de Urantia informaron a la comisión de contacto acerca de su intención de vencer al comunismo. Esta comisión de contacto se sintió decepcionada cuando supo que no se iba a producir la tan esperada publicación inmediatamente tras la guerra[148].
Formación de La Fundación Urantia
Durante más de cinco años, las planchas de The Urantia Book habían estado almacenadas en la planta de Crawfordsville, Indiana de R.R. Donnelley & Sons, esperando su impresión. En las mencionadas “History One” y “History Two” se informa que en enero de 1950 estas planchas servirían de base para la formación de una organización diseñada para publicar los escritos y mantener perpetuamente la integridad del texto original:
Las planchas de The Urantia Book que se habían hecho con anterioridad constituyeron la base para la creación de la Fundación Urantia mediante la declaración de fideicomiso bajo las leyes del estado de Illinois el 11 de enero de 1950. Se trata de una organización sin ánimo de lucro.
Uno de los objetivos para los que se creó la Fundación fue para preservar el texto de The Urantia Book perpetuamente inalterado y diseminar sus principios y enseñanzas”[149].
La declaración de fideicomiso
Un fideicomiso es un título legal a una propiedad para ser asumida por una parte en beneficio de la otra parte. El documento de fideicomiso generalmente define la propiedad y las condiciones por las que la propiedad se transfiere al cuidado de la otra parte. Su propósito es establecer los parámetros de este fideicomiso y prevenir que la insensatez y las pretensiones humanas puedan dañar la propiedad que se ha dado en fideicomiso. Una declaración de fideicomiso es un documento legal que especifica un acuerdo vinculante para ambas partes en este sentido. En el caso del libro de Urantia, la comisión de contacto, asesorada legalmente, la definió previendo la elección de cinco fideicomisarios que estarían en sus cargos de por vida. Los nuevos fideicomisarios serían elegidos por los restantes.
En el caso de la declaración de fideicomiso que sirvió de base para la constitución de la Fundación Urantia, la propiedad que tenía que ser protegida era el texto original de The Urantia Book. Este “texto original” se refería a las planchas que habían sido grabadas y moldeadas a partir de la galerada, compuesta a su vez del texto mecanografiado, destruido antes del fin de la Segunda Guerra Mundial. Estas planchas se usaron para publicar el libro, del que tenían que conservarse en perpetuidad tres ejemplares. Así pues, bajo dicha declaración, la Fundación asumía provisionalmente plena responsabilidad por el texto y se convertiría en la editora de The Urantia Book. La primera junta de fideicomisarios estaba compuesta por William Hales, presidente; Bill Sadler, vicepresidente; Emma L. Christensen, secretaria; Wilfred C. Kellogg, tesorero y Edith Cook, secretaria adjunta.
Hay que recalcar la precaución con la que la comisión de contacto actuó ya que tres de sus miembros —Bill Sadler, Emma L. Christensen y Wilfred C. Kellogg— eran también fideicomisarios y tenían la mayoría absoluta en caso de decisiones. Bill Sadler y Christy residían en el 533 de Diversey Parkway, y Wilfred C. Kellogg vivía en un bloque de pisos a algunas calles de allí. La declaración de fideicomiso establecía con claridad que se reconocía en ese momento a la Fundación como la responsable de conservar el texto original. Además cualquier “consejo” celestial dirigido a la Fundación podría llegarles de manera informal a través de la todavía operativa comisión de contacto. Los otros dos fideicomisarios, William Hales, presidente, y Edith Cook, secretaria adjunta, tuvieron el honor de ser las primeras personas externas a la comisión de contacto con responsabilidades respecto al libro, aunque, obviamente, sin mucha capacidad de decisión. Hay quien piensa que la constitución de un grupo interno dentro de un grupo interno sembró la semilla de la actual política de la Fundación, algo que continúa hasta hoy en día.
Aunque tres miembros de la comisión de contacto eran fideicomisarios, William S. Sadler y Anna Bell Kellogg no lo eran. De acuerdo con la declaración de fideicomiso mencionada la Fundación estaba organizada de forma que terminara funcionando de manera autónoma. No era la sucesora de la comisión de contacto. Sus primeros tres párrafos lo especifican claramente:
POR EL PRESENTE SE DA A CONOCER, QUE CONSIDERANDO que se ha escrito un original de un libro titulado “THE URANTIA BOOK”, y que se han producido del original aproximadamente dos mil doscientas (2.200) planchas[150] matrices laminadas de níquel de una longitud base ordinaria para la impresión y reproducción de tal libro; y
CONSIDERANDO QUE ciertas personas, de aquí en adelante referidos como “contribuidores”, estando deseosos de que se cree una fundación con los objetivos aquí definidos denominada “FUNDACIÓN URANTIA”, han contribuido con ciertas aportaciones económicas para tal fin, y dichas aportaciones económicas se han gastado en la producción de tales planchas para la impresión y reproducción de THE URANTIA BOOK; y
CONSIDERANDO QUE los contribuidores, estando deseosos de que su identidad permanezca desconocida para que la creación de dicha fundación no tenga límites en razón de su asociación con sus nombres, coincidente con el cumplimiento de esta declaración de fideicomiso y con pleno conocimiento y en consideración de esto, han ocasionado que sus nominatarios entreguen a los abajo firmantes dichas planchas para la impresión y reproducción de THE URANTIA BOOK, para mantenerlas en fideicomiso para hacer posible el logro y la realización de esos deseos y llevar y perpetuar los objetivos aquí definidos ...”
El Dr. Sadler permaneció como líder de la comisión de contacto, y aunque ésta había transferido, de manera provisional, a la Fundación Urantia la responsabilidad sobre el texto, seguía manteniendo control sobre el foro-grupo de estudio y el grupo de los Setenta. La comisión de contacto continuaría funcionando durante cinco años más a partir de enero de 1950, momento en el que se constituyó la Fundación Urantia.
La declaración de fideicomiso establecía también que el deber principal de los fideicomisarios “será preservar [...] el texto original de The Urantia Book [...] de pérdida, daño o destrucción, y de alteración, modificación, revisión o cambio de ninguna manera o circunstancia.” El bien sustantivo que se confió a la Fundación mediante esta declaración era el texto original del libro y se definía en dos partes: [1] "planchas y otros medios para impresión y reproducción de The Urantia Book" y [2] "ejemplares autenticados del texto original de The Urantia Book, pero no menos de tres (3) ejemplares”[151]. El documento dio a la Fundación un control discrecional del bien sustantivo con excepción de “los tres ejemplares del texto original” que se iban a imprimir a partir de las planchas. La Fundación tenía la responsabilidad de preservar estos tres libros “de pérdida, daño o destrucción, y de alteración, modificación, revisión o cambio de ninguna manera o circunstancia”.
Página 3 de la declaración de fideicomiso. Las planchas constituyen ahora el texto original.
Para llevar a cabo su principal deber de conservar el texto inalterado, a la Fundación Urantia también se le confió la publicación del texto original, dándosele autoridad total sobre “las planchas y otros medios” para la “impresión y reproducción de The Urantia Book.” Se les permitió transferir las planchas con la condición de que se “devolvieran a los fideicomisarios cuando el propósito por el que se transfirió se hubiese llevado a cabo (se supone para la impresión del libro). Finalmente se les otorgó permiso para destruir las planchas si todos los fideicomisarios estuviesen de acuerdo de que éstas “no se necesitarían más para cumplir los propósitos por los que la Fundación se creó” o si "se le impide a los fideicomisarios preservar tales porciones del bien sustantivo [las planchas] por circunstancias fuera de su control.”
Estas condiciones permitirían a los fideicomisarios crear nuevas planchas cuando las originales se deteriorasen por el uso o fueran ya inservibles, algo que ocurriría tras haberse imprimido un millón de ejemplares. Se podría realizar entonces, cuado fuese necesario, un duplicado de las planchas a partir de las láminas monotipadas, como se explicó en el Capítulo VII, o quizás por medio de cualquier otra tecnología que permitiese la reproducción del texto original inalterado. También hay que observar que todos los fideicomisarios tendrían que estar de acuerdo antes de que se destruyera cualquier porción del bien sustantivo. Veremos en el siguiente capítulo cómo, tras haberse imprimido sólo 10.000 ejemplares, parte de este bien se destruyó en 1967, muy posiblemente sin el consentimiento o incluso con conocimiento de todos los fideicomisarios.
Los fideicomisarios aceptaron sus responsabilidades diciendo:
Nosotros, los abajo firmantes aceptamos para nosotros y nuestros sucesores en fideicomiso como se ha definido aquí, y mediante la presente reconocemos que se nos han transferido y entregado aproximadamente dos mil doscientas (2.200) planchas matrices laminadas de níquel de un longitud base ordinaria preparadas a partir del original mecanografiado de THE URANTIA BOOK para la impresión y reproducción de éste, cuyas planchas están actualmente almacenadas en las cámaras de Donnelley & Sons Company en Crawfordsville, Indiana [...]"
Hay que indicar que no se menciona el original mecanografiado como parte del fideicomiso, porque se había destruido cuando las planchas se grabaron. Las planchas eran ahora el texto de The Urantia Book al que se refiere la declaración de fideicomiso. Tras 1945, los miembros de los Setenta y del foro-grupo de estudio usaron las pruebas que se habían hecho de las planchas —no el original mecanografiado— para estudiar los escritos.
Estoy de acuerdo con muchos urantianos que el permiso otorgado a la comisión de contacto de normalizar la ortografía, las mayúsculas y la puntuación del texto original mecanografiado, no se transfirió a la Fundación Urantia a través de la declaración de fideicomiso. Está claro que su tarea era la de proteger el texto original (o planchas) y ser responsables de la publicación y reproducción del libro. Es lógico pensar que si se es responsable por el texto original, hay que imprimirlo sin alteraciones.
Ya comentamos que, años antes, Clyde Bedell y algunos otros miembros del foro habían mostrado muchas reservas sobre la manera en la que los fideicomisarios iban a ser elegidos y sustituidos. Lo que preocupaba a esos primeros urantianos era el hecho de que se había establecido una oligarquía que se elegía a sí misma y que, al menos por una generación, controlaría totalmente el texto de la revelación.
Sadler le dijo a Meredith J. Sprunger, Clyde Bedell y a otros que una vez que los abogados habían redactado la declaración de fideicomiso se le presentó para su consideración a la comisión de medianos. Puede que se hubiese presentado más de una vez. De acuerdo con Sprunger, en una entrevista en vídeo mencionada, y lo que Clyde me dijo personalmente, los medianos se negaron a dar instrucciones específicas respecto al documento. Finalmente, sin embargo, dijeron: “Si es esto lo mejor a lo que podéis llegar se hará”. Sprunger y Bedell citan prácticamente las mismas palabras.
Cambio de responsabilidad
De acuerdo con Mark Kulieke, la cantidad y la naturaleza de los contactos tras 1952 cambiaron bastante, y las “organizaciones se habían quedado solas”[152]. Al parecer, estas organizaciones incluían la Fundación Urantia, el grupo de los Setenta y el foro-grupo de estudio dominical. Sin embargo, había restricciones provisionales, ya que la Fundación todavía no había obtenido permiso para realmente publicar el libro, a pesar de tener ya las planchas.
En noviembre de 1951, se le leyó al grupo de los Setenta y al foro-grupo de estudio dominical una importante comunicación del Príncipe Planetario en funciones despachada por su regente a la comisión de contacto. Sin duda habría una gran expectación porque se esperaba el anuncio de la impresión de The Urantia Book. En dicha comunicación se le hacía saber que el príncipe planetario en funciones había tomado algunas decisiones, que tenían que ver con las responsabilidades de los ángeles respecto a la revelación. También se trató del tema de la reciente formada Fundación Urantia con estas palabras:
Los aspectos humanos de The Urantia Book se colocarán en las manos de los fideicomisarios de la Fundación Urantia, sujeta a las sugerencias y consejos y poder de veto de la comisión de revelación de los medianos unidos de Urantia. Cuando, como y si la comisión de medianos no se comunica con los fideicomisarios de la Fundación durante un período de tres años, éstos pueden entonces considerar que los asuntos de The Urantia Book están completa y exclusivamente en sus manos y bajo su jurisdicción. [...] De momento, la mediación entre la supervisión global y sobrehumana de esta comisión y el funcionamiento humano directo de los fideicomisarios de la Fundación recaerá en la comisión de medianos, la sucesora de la comisión de revelación de Urantia. Esta comisión continuará funcionando como consejera tanto de los supervisores celestiales como de los fideicomisarios, pero su poder de veto se extenderá sólo a las decisiones y actos de los fideicomisarios humanos.
En ese mismo supuesto mensaje, también se incluía algo que parecía echa por tierra la noticias que estos primeros urantianos estaban esperando:
En ausencia de intervención de los medianos después del 11 de febrero de 1954, los fideicomisarios de la Fundación Urantia pueden proceder de acuerdo con su propio criterio[153].
Hay que hacer notar que una vez que se habían fabricado las planchas y se había transferido en fideicomiso a la Fundación Urantia el cuidado de éstas, la comisión de revelación fue sustituida por la comisión de medianos.
Casi un año más tarde, el 21 de agosto de 1952, día del cumpleaños de Jesús, se recibió otro mensaje del regente Príncipe Planetario en funciones que se leyó a los grupos. El foro-grupo de estudio permanecería bajo la dirección de la todavía operativa comisión de contacto. Se aprobaba provisionalmente la constitución de una nueva organización llamada Urantia Brotherhood (la Hermandad Urantia), con el comentario de que el documento “proporciona los medios para su propia enmienda.” Se dejaba al arbitrio de la Fundación Urantia el momento de poner en marcha la nueva y autónoma Hermandad Urantia. Respecto al destino de The Urantia Book, el regente hacía el siguiente anuncio:
Yo, y sólo yo, decidiré el momento de la publicación de The Urantia Book. Si no proporciono instrucciones al respecto el día 1 de enero de 1955 o antes, entonces los fideicomisarios de la Fundación Urantia procederán con los planes para su publicación de acuerdo con su propio criterio[154].
Aunque provisionalmente, por fin se había previsto una fecha para la publicación del libro. Además, en ese mensaje también se aprobaban los planes para publicar, en un volumen separado, un índice del libro y se le pidió a los Setenta que, con la inauguración de la Hermandad Urantia, concluyeran sus actividades como grupo independiente.
La comisión de contacto no recibió noticias del regente para la fecha fijada y los fideicomisarios tomaron sus propias decisiones. La Hermandad comenzó oficialmente a funcionar el 2 de enero de 1955. Ese día el Dr. Sadler dio algunas directrices a los Setenta para la inauguración de ésta y, después, William Hales, que presidía la reunión, solicitó la elección de sus directivos, eligiéndose a Bill Sadler como presidente de la Hermandad. Tras esto, se procedió a la elección de los presidentes de las nueve comisiones[155]. Así pues, los 36 miembros del grupo vespertino de los miércoles, llamado los Setenta, se convirtieron en los miembros de la Hermandad.
Poco después tras el mensaje del regente del Príncipe Planetario, el 11 de febrero de 1955, los fideicomisarios firmaron una “declaración de intenciones para publicar The Urantia Book”, y la leyeron al foro. Finalmente, tras diez años, se les quitó el polvo a las planchas y en Crawfordsville comenzaron las prensas de impresión a dar vueltas. Hay que indicar que aunque los fideicomisarios eran conscientes de los errores que se habían descubierto desde que se moldearon las planchas, no había provisión en la declaración de fideicomiso para corregirlas alterando el texto original. Además, cinco de los seis miembros de la comisión de contacto estaban todavía en activo, y tres de ellos eran fideicomisarios. No tengo constancia de ninguna pregunta formulada a la comisión de medianos al respecto ni de preocupación alguna sobre los errores que las planchas contenían.
El mandato para publicar The Urantia Book
El primer documento conocido que menciona el mandato para publicar el libro es un artículo de 26 páginas, escrito por el Dr. Sadler en 1958, titulado “Consideration of Some Criticisms of The Urantia Book”, en el que el doctor parece tan enérgico e intelectualmente agudo como siempre. En este artículo Sadler nos dice también que el mandato para la publicación del libro venía acompañado de algunas recomendaciones de la comisión de medianos, sucesora, como se ha indicado, de la comisión de revelación. Así se refiere Sadler a ellas:
Antes de proseguir con esas críticas individuales, les ruego que presten atención a algunas de las recomendaciones relacionadas con el mandato para la publicación de The Urantia Book. Entre otras cosas se nos recomendó lo siguiente:
Estáis llamados a un gran servicio y el vuestro va a ser un privilegio de transcendencia presentar esta revelación a las gentes de este atormentado mundo.
Científicos altaneros os ridiculizarán y algunos incluso os acusarán de connivencia y fraude. Personas religiosas bien intencionadas os condenarán como enemigos de la religión cristiana y os acusarán de difamar al mismo Cristo.
Miles de almas con hambre de espíritu os bendecirán por el mensaje que traéis, y otros miles os condenarán por perturbar su complacencia teológica.
¿Estáis listos para este bautismo de gozos y penas que traerá la temprana distribución de la revelación Urantia?[156]
Posteriormente, en “History One”, también se hacen referencias a estas recomendaciones:
En el momento de la publicación de The Urantia Book los reveladores hicieron algunas recomendaciones respecto a los métodos a emplear en la labor de distribución. Estas instrucciones se resumen de esta manera:
1. Estudiar los métodos empleados por Jesús al presentar su labor a la tierra. Observad cómo él trabajó silenciosamente al principio; muy a menudo tras un milagro, él instruiría al recipiente de su ministerio diciendo: “No le digas a nadie lo que te ha sucedido.”
2. Se nos recomendó que no intentáramos obtener un reconocimiento rápido y espectacular.
Durante los primeros cinco años estas recomendaciones se han seguido y la distribución aumenta cada año. La inmensa mayoría de los miembros de la Hermandad ha estado de acuerdo con esta forma tranquila y paulatina de presentar el Libro. Sin embargo, una cosa debe quedar clara. Mientras que la norma de la Hermandad es trabajar de forma tranquila en la distribución del libro, no se va a hacer nada que interfiera con los deseos energéticos y entusiastas de cualquier persona que quiera introducir el libro a sus amigos y allegados[157].
Al contrario que en algunos textos apócrifos, nunca se dio una serie permanente de “mandatos” a la comisión de contacto en relación a la distribución de la revelación Urantia. Hubo un mandato de publicación de The Urantia Book y éste se acompañó de instrucciones o recomendaciones claramente referidas a las fases iniciales de distribución. Según mi información, estos pasajes mencionados son la única referencia a dichas recomendaciones publicadas en vida de Sadler.
En “History Two” se dedica una página al mandato de publicación y a citas de su introducción. Por lo general se advierte que “el libro pertenece a la era que sigue inmediatamente al fin de la actual lucha ideológica.” También se indica que el libro se ha proveído pronto para “estar listo para el entrenamiento de maestros y líderes” y para permitir traducciones tempranas en otras lenguas[158]. No hay documentación fiable que pruebe que los reveladores estaban en contacto con la Fundación Urantia: toda comunicación era con la comisión de contacto.
Las recomendaciones que acompañan al mandato de publicación del libro se parafrasearon, revisaron y se usaron y adoptaron de manera selectiva en algunas notas internas de la Hermandad. Bill Sadler preparó un articulo en 1955 titulado “Timing of The Urantia Book” (“Temporización de The Urantia Book”) de forma interna para el comité ejecutivo de la Hermandad Urantia en los que parafrasea las recomendaciones calificándolas de “dichos agudos.” Bill leyó este artículo al foro-grupo de estudio. En ese momento, la amenaza comunista seguía avanzando. Los soviéticos habían adquirido armamento atómico, y se les daba de forma rutinaria a los escolares norteamericanos instrucciones sobre lo que había que hacer en caso de un ataque con arma atómica. Bill Sadler recordó al grupo que la revelación se iba a distribuir pronto y estaba pensada para la era tras la “presente lucha ideológica”. Entre otras cosas, Bill dijo:
El Libro pertenece a la era inmediatamente posterior a la conclusión de la presente lucha ideológica. Ese será el día en que los hombres y las mujeres desearán buscar la verdad y la rectitud. Cuando el caos de la presente confusión se haya acabado, será más fácil poder formular el cosmos de una era nueva y mejorada de las relaciones humanas. Y por este mejor orden de las cosas se preparó el Libro.
Pero la publicación del Libro no se ha pospuesto para esa (posible) fecha remota. Se ha proveído una pronta publicación del Libro para que esté listo para el entrenamiento de líderes y maestros. Su presencia es también necesaria para atraer la atención de personas de medios que puedan sentirse inclinados a proporcionar fondos para la traducción en otras lenguas. Los que dedicáis vuestras vidas al servicio del Libro y la Hermandad no os dais mucha cuenta de la importancia de lo que hacéis. Sin duda viviréis y moriréis sin daros cuenta de que estáis participando en una nueva era de religiosidad en este mundo.[159]
Hay que señalar que los miembros de la comisión de contacto y los primeros miembros del foro habían envejecido esperando la publicación y propagación de la revelación. Muy pocos de los que oyeron este mensaje vivirían para ver el colapso repentino del comunismo soviético casi treinta años más tarde.
El registro de la propiedad intelectual de The Urantia Book
Parece claro que los reveladores pidieron a los miembros de la comisión de contacto que se obtuviera la propiedad intelectual del libro a nivel internacional. Meredith J. Sprunger recuerda con claridad cómo Christy y Sadler le comentaron este hecho[160]. Esta propiedad intelectual a nivel internacional permitiría el listado de los autores divinos como en el caso del libro, algo no posible en los Estados Unidos, donde sólo los ciudadanos norteamericanos pueden obtenerlo. También ambas historias mencionan el hecho de que el libro se publicó el 12 de octubre de 1955 ostentando dicha propiedad intelectual a nivel internacional, pero no mencionan nada en relación a una propiedad intelectual a nivel de Estados Unidos.
En el registro de la propiedad intelectual de The Urantia Book consta que la Fundación Urantia es la autora del libro. Parece muy poco probable que los reveladores pidieran a la comisión de contacto el registro fraudulento de la propiedad intelectual del libro en Estados Unidos. Más bien sería una idea humana como lo prueba el discurso titulado “¡Unidad, no uniformidad!”, que Martin Myers dio en 1973 a los lectores. En este discurso, escrito con la estrecha colaboración de Christy, se lee lo siguiente respecto a la propiedad intelectual:
Los primeros líderes del movimiento Urantia idearon un ingenioso plan. Su estrategia era doble. [...] Para proteger el texto de revisiones, alteraciones y distorsiones, previeron la necesidad de colocar a The Urantia Book bajo una propiedad intelectual a nivel de Estados Unidos e internacional, garantizando a las futuras generaciones el privilegio de tener la Quinta Revelación de los Tiempos inalterada. Para tal fin se formalizó la Fundación Urantia y se obtuvo legalmente una propiedad intelectual[161].
Este pasaje merece algún comentario por lo perturbador y por sus perniciosas consecuencias. ¿Por qué dice Myers, en colaboración con Christy, que eran los “primeros líderes” y no los reveladores, los que idearon ese “ingenioso plan”? ¿Qué tenía de ingenioso obtener una propiedad intelectual ordinaria? ¿Era lo ingenioso el tener que obtener la propiedad intelectual del libro en Estados Unidos y el hecho de que la Fundación Urantia tuviese que aparecer como su autora? Esta es la primera mención que tenemos de esa propiedad intelectual a nivel nacional. Como hemos comentado, ambas historias y Meredith J. Sprunger sólo aluden al requerimiento de los reveladores de obtener una propiedad a nivel internacional. Además, ¿por qué dice Myers “de forma legal”? ¿Es que íbamos a pensar que la propiedad intelectual no era legal?
La propiedad intelectual se renovó en 1983 con la base de que The Urantia Book era una antología, una colección de escritos de varios autores, y las preguntas del foro constituían una co-autoría. Durante el litigio de Kristen Maaherra[162] en los noventa se pusieron en tela de juicio tanto la propiedad intelectual inicial como su renovación. Maaherra alegaba que si la Fundación Urantia hubiese intentado solicitar la propiedad intelectual diciendo la verdad, la oficina del registro jamás se la hubiesen concedido. Como resultado de este litigio, la propiedad intelectual quedó muy debilitada.
Bill Sadler y Clide Bedell en un picnic (junio de 1952).
Vista de los edificios de Chicago junto al lago (sobre 1955).
Por fin los libros de Urantia
Uno puede imaginarse la alegría que sentirían los primeros urantianos cuando tuvieron en sus manos los primeros libros. Mark Kulieke se hace eco de la gran emoción sentida la noche de un miércoles de 1955 cuando su padre llegó a la casa con 4 libros de Urantia[163]. Carolyn Kendall relata que su padre creía que el libro iba a ser el “mayor éxito en cientos de años, y que se iban a hacer reseñas en todos los periódicos más importantes.” Su idea era comprar ejemplares de todos esos periódicos con las históricas reseñas de la nueva y gran revelación[164].
Poco tiempo tras la publicación, se recibió el último mensaje de los medianos: “Os habéis quedado solos.” Cincuenta años más tarde de que todo comenzara, se había roto el contacto entre los mortales de nuestro planeta y la invisible comisión de medianos. “Ni siquiera dijeron adiós” –dijo el Dr. Sadler.
Un empleado de R.R. Donnelley curva las planchas de impresión para que encajen en los cilindros rotatorios (World Book Encyclopedia, 1958).
CAPÍTULO IX
”En mi opinión, sólo puede haber una edición
de The Urantia Book: la primera.”
Llegamos ahora a una definida línea de demarcación en la historia de la revelación urantiana. Un reducido grupo de personas, que de alguna manera había podido comunicarse con unos seres invisibles, había conseguido algo extraordinario durante un arduo proceso de cinco décadas: colaborar en la publicación de un manuscrito sin igual en la historia de nuestro planeta: la quinta revelación de los tiempos.
Dando lo mejor de sí mismos, los seis miembros de la comisión de contacto habían cumplido su sagrado juramento de conservar el texto exactamente tal como se había recibido. Ninguna deliberada intromisión humana había viciado los escritos de Urantia y, ahora, su imperfecto pero valiente y honrado esfuerzo había dado su fruto y en 1955 se había imprimido el texto. La Dra. Lena C. Sadler, si embargo, no había podido vivir para tenerlo en sus manos.
Se habían realizado importantes sacrificios durante todos esos años. Habían centrado una gran parte de sus vidas en torno a un colectivo de medianos que, en cada momento, les había infundido las fuerzas y dado la guía que necesitaban. Pero ahora se habían quedado solos, sin esa guía. Durante algún tiempo les invadió la emoción y euforia de tener por fin ejemplares impresos de The Urantia Book. Se mandaron libros a gente prominente, a amigos, a familiares. Se fundaron la Fundación Urantia y la Hermandad Urantia. Se formó la Escuela de la Hermandad Urantia en 1956. El 17 de junio de 1956, se estableció la Primera Sociedad Urantia en Chicago:
....y el foro, tras 33 años, pasó a la historia y muchos de sus miembros se convirtieron en los 156 miembros primeros de la nueva sociedad. Los intrépidos miembros del foro se preparaban ahora para compartir The Urantia Book[165].
La Escuela de la Hermandad Urantia tuvo su primera sesión en septiembre de 1956 con 71 estudiantes. Sadler había adquirido un terreno en Pine Lodge en Beverly Shores, Indiana, con la idea que los estudiantes pudieran vivir en casas de campo en este terreno, mientras se preparaban para salir como maestros y líderes de la nueva revelación. Para 1960, 14 estudiantes se graduaron y recibieron su diploma de líderes[166]. También se concedieron diplomas de Maestros Ordenados.
Pero sólo los profesores y los jubilados podían dedicar todo el verano al programa de Pine Lodge y las actividades de la escuela acabaron por tener lugar en el 533 de Diversey, en Chicago, con clases por la tarde. Estas clases tenían bastante asistencia. Meredith J. Sprunger relata el caso del reverendo David Schlundt, que viajaba 120 millas desde Goshen, Indiana, para asistir a estas clases.
Desafortunadamente, para 1975, el programa de formación de profesores perdió su impulso inicial[167], y se abandonó el currículum completo de formación de profesores y el curso intensivo diseñado por el Dr. Sadler[168]. Posteriormente se abrieron otras escuelas como The Boulder School, establecida por John Hay a mediados de los ochenta (ahora cerrada), y la Escuela de Contenidos y Valores de Los Ángeles, de Polly Friedman.
Sadler decía que el mandato para publicar el libro venía acompañado de instrucciones y recomendaciones, que animaban el desarrollo de escuelas de formación de profesores y líderes. Carolyn Kendall se lamenta de la desaparición de las escuelas urantianas:
Si tomamos estos consejos con seriedad, sería un imperativo considerar la reinstitución de escuelas regionales para acometer la formación profunda y la cualificación de profesores de The Urantia Book.[169]
A pesar de toda esta actividad, es posible que se llegara a pensar: “se nos ha dado una revelación de los tiempos pero nadie sabe cómo dirigirla. Y ahora nos hemos quedado solos. Ya no podemos comunicarnos con esos seres sobrenaturales ni pedirles consejos. Y se han ido sin ceremonias, sin ni siquiera decir adiós.”
El destino de la comisión de contacto
En los siguientes ocho años, otros tres miembros de la comisión de contacto seguirían a Lena C. Sadler en su viaje a la otra vida. El 31 de agosto de 1956, menos de un año tras la publicación del libro, Wilfred C. Kellogg murió a la edad de 75. Su esposa Anna Bell Kellogg murió el 24 de febrero de 1960 a la edad de 82[170]. Entretanto, se producía un distanciamiento entre Bill Sadler y su padre William S. Sadler.
Bill Sadler y su esposa Leone habían vivido en el 533 de Diversey Parkway con el Dr. Sadler, pero se divorciaron alrededor del momento de la publicación. En 1955, al día siguiente del de Navidad, el hijo de Bill y Leone, de 19 años, tomando una taza de café con su madre y el Dr. Sadler, entró en coma y murió. Su salud se había ido deteriorando posiblemente debido a un tumor cerebral. Había perdido la visión en un ojo y empezaba a perderla en el otro. Posteriormente, durante 1956, Bill Sadler se casaría con Florine Seres. Bill era un fumador compulsivo y un bebedor empedernido. Pero además de la tragedia y la infelicidad de su vida, él y su padre tenían grandes desavenencias, principalmente debido a su divorcio.
A pesar de ello, Bill formó la Second Society Foundation de Chicago. Durante este periodo un grupo de Oklahoma descubrió The Urantia Bok y por sí mismos comenzaron una iglesia urantiana. Bill empezó a realizar visitas regulares a Oklahoma City, donde su sabiduría, percepción filosófica y profundo conocimiento de los escritos eran sumamente valorados. Como primer representante de la Hermandad Urantia, Bill daba conferencias sobre el libro por todo Estados Unidos[171].
Bill Sadler había escrito ya su extraordinario A Study of the Master Universe (Un estudio del Universo Matriz) y estaba trabajando en un volumen de los Appendices[172] cuando su salud empezó a deteriorarse. Una repentina apoplejía le dejó sin habla, y mientras se recuperaba de ella tuvo que ser hospitalizado por cirrosis hepática. Más tarde, en 1963, fue de nuevo hospitalizado con embolismo en ambas piernas. Unos meses más tarde, el 22 de noviembre de 1963, a los 56 años de edad, un ataque cardíaco acabó con su vida en la tierra[173]. Ese mismo día caería otro príncipe de la mala fortuna: John F. Kennedy. Clyde Bedell, que era un gran amigo de Bill Sadler, escribiría:
Bill era una de las personas más interesantes que jamás conocí. Su conversación, que brotaba de un intelecto superior, tenía una propiedad, un color y una forma que delataba su prodigioso conocimiento y comprensión de los escritos de Urantia.[174]
Lodge, en Beverly Shores, Indiana, lugar de la primera Escuela de la Hermandad Urantia.
Bill Sadler, en 1960.
Christy da clases en una sesión de verano en 1963, a los setenta años de edad.
El fideicomisario Thomas A. Kendall, en agosto de 1965.
La cuestión de la guía celestial continuada
¿Cuándo dejaron los medianos de comunicarse con la comisión de contacto? ¿Fue en 1955, tras el mensaje “Os habéis quedado solos” o continuaron dando instrucciones verbales? Tenemos constancia de que la comunicación cesó en 1955, aunque, como veremos, la Fundación Urantia y mucho de los que apoyan su política creen que la guía celestial continuó al menos hasta 1982.
Se hace necesario, debido a la importancia de estas cuestiones, tratar el tema en profundidad. Y puesto que yo admito estar en contra de dicha guía celestial, he reunido casi toda la documentación que apoya mi punto de vista a partir del material que esas mismas personas —incluida la Fundación— aportan para defender el suyo. También expongo de forma separada la perspectiva de Meredith J. Sprunger, que tiene ciertas diferencias con la mía propia. La intención es que el lector sea capaz de dar respuesta por sí mismo a estas preguntas y a sus implicaciones.
Podemos comenzar este análisis en los años 1967-1968, momento en que se preparó la segunda impresión. De acuerdo con Kantor, la Fundación obtuvo la propiedad intelectual en 1967, pero el libro no se imprimió en realidad hasta mayo de 1968[175]. Estudiemos ahora el singular proceso de preparación de esta segunda impresión, a la que me referiré como a la de 1967.
El Dr. Sadler en los años cincuenta.
El Dr. Sadler dando clases en el 533 de Diversey Parkway.
La segunda impresión (1967) de The Urantia Book
En el momento en que se preparó la segunda impresión, de la comisión de contacto sólo quedaba el Dr. Sadler, que tenía entonces 92 años, y Christy de 77. Muchos años antes, éste le había dicho a Meredith J. Sprunger y a Clyde Bedell que tras haberse cortado la conexión con el sujeto dormido en 1955, no hubo más mensajes y ni la comisión de medianos ni la de revelación estaban disponiblen. No conocemos la fecha del fallecimiento del sujeto dormido, ya que los reveladores habían previamente advertido a los miembros de la comisión de contacto que, tras la publicación, no se debía realizar ningún comentario o anuncio sobre si éste estaba vivo o no[176]. Si el protocolo establecido para los contactos permanecía en activo, podemos razonablemente suponer que estaba vivo cuando la comisión de contacto recibió en 1955, al poco tiempo de publicarse el libro, el mensaje final “os habéis quedado solos”.
Está claro que en marzo de 1959, por las respuestas a la carta del reverendo Adams, Sadler no tenía contacto con los reveladores[177]. Sadler no sabe realmente cómo contestar a los puntos planteados por Adams, un erudito en la Biblia. Donald Green, uno de los miembros del consejo de redacción de este libro, observa que si Sadler hubiera tenido la oportunidad de formular estas preguntas a los reveladores, lo hubiera hecho. Como se observa en su respuesta, el único comentario que Sadler hace es: “...nuestro mandato nos prohibe alterar el texto del manuscrito de manera alguna” [178].
Para 1967, Sadler, que nunca llegó a ser fideicomisario, a su avanzada edad, había perdido su liderazgo y, poco a poco, más y más responsabilidad se había ido transfiriendo a Christy. Como fideicomisaria y secretaria de la Fundación Urantia, ella respondía a la mayoría de la correspondencia de los lectores o decidía quién estaba más capacitado para hacerlo. A menudo llamaba a Sprunger para que contestara a cartas particularmente difíciles. Cuando llegó la hora de una nueva impresión, Christy tuvo que enfrentarse a cuestiones muy serias. Además de la lista de errores tipográficos que ella y Marian Rowley habían redactado desde que se habían moldeado las planchas, había otros problemas textuales, de mayor envergadura, que lectores como el mismo reverendo Adams habían captado y que era preciso tener en cuenta.
En “The Plan for the Urantia Revelation”, Carolyn Kendall, según le había dicho Christy, se refiere a estos errores:
En los años tras la publicación, se agradecían los errores que se le presentaban a Christy o a Marian. La Fundación quería un libro perfecto. Sin embargo, Christy era inflexible: no se iban a hacer cambios de forma arbitraria. Entre 1955 y 1982 uno de los dos supervivientes de la comisión de contacto exponía las correcciones y cambios propuestos a los reveladores para pedirles permiso[179].
Observamos que Kendall da a entender que entre 1955 y 1982 todavía había comunicación con los “reveladores”. Curiosamente 1982, cuando según ella, se pierde el contacto con los medianos, es el año en que fallece Christy. Pero según lo que el mismo Dr. Sadler le dijo a Sprunger y a Bedell, esto no es cierto ya que ni la comisión de medianos ni la comisión de revelación estaba disponible tras 1955. Además, para 1958, en un memorándum interno, Bill Sadler se refería a la comisión de contacto como “terminada”[180]. Si, como dice Kendall, Sadler o Christy, los dos últimos supervivientes de la comisión de contacto, hubieran podido contactar de forma unilateral con las inteligencias sobrehumanas y exponerles estos cambios en 1967, aquello hubiera significado una forma de comunicación totalmente diferente a la que había existido durante el proceso de revelación de los escritos.
Vemos, además, que Kendall no menciona a la persona de contacto, y, en ninguna de las dos historias citadas, se menciona la existencia de comunicación con miembros individuales de la comisión de contacto sin la presencia del sujeto dormido. De hecho, tal como la misma Christy le dijo a Kantor, existía una regla por la que no se podía establecer comunicación con los reveladores a menos que dos o tres miembros de la comisión de contacto estuviesen presentes. Hay bastante documentación que indica que era Christy, por su cuenta, quien al parecer se “comunicaba” con los medianos durante la preparación de la segunda impresión. Sin duda, el doctor hubiese desaprobado aquello, por su largo y probado rechazo frontal a toda actividad paranormal.
En relación con las correcciones de la segunda impresión es, si cabe, más sorprendente, lo que Carolyn Kendall comenta a continuación; aunque, según dice, es parte opinión personal, parte información tomada de su marido Thomas Kendall, fideicomisario en aquel momento, y de Richard Keeler, igualmente fideicomisario y presidente de la Fundación Urantia hasta 2003:
Los fideicomisarios de la Fundación Urantia no participaron en el proceso de corrección del texto de The Urantia Book. Su labor era la de publicar el texto con los cambios, cualesquiera que fueren, que aprobasen los medianos. Tenían que conservar el texto sin alteraciones, y protegerlo con el registro de la propiedad intelectual. La Fundación debe dejar claro a los lectores que las correcciones realizadas después de 1982 se hicieron al parecer sin la aprobación de los medianos. Se dice que al publicar su última edición, la Fundación está revirtiendo los cambios realizados después de 1982[181].
Por un lado, Carolyn informa que su marido, Thomas Kendall, fideicomisario en aquel momento, le había dicho que “los fideicomisarios de la Fundación Urantia no participaron en el proceso de corrección del texto de The Urantia Book.” Sin embargo, hay que recordar que, de acuerdo con la declaración de fideicomiso, en su artículo III, bajo la sección titulada “Protección del texto”, se dice respecto a los deberes de los fideicomisarios que:
Será la obligación principal de los fideicomisarios conservar inalterado el texto de The Urantia Book. [...] preservar y salvaguardar ejemplares del texto original de The Urantia Book de pérdida, daño o destrucción y de alteración, modificación, revisión o cambio de cualquier manera o en cualquier particular.