Grita: ¡devastación! Y deja sueltos a los perros de la ley...*
de Eric Schaveland
1 de noviembre de 1998Esta fue la forma de actuar de la Fundación Urantia en 1991, y al hacerlo así sedesencadenaron muchas e inevitables consecuencias. Cuando la advertencia de Jesús a sus seguidores de que no fueran a litigio entre ellos se trastocó en lo que se suponía “un bien mayor”, el resultado fue un posicionamiento sectario cuyo grito de batalla “el fin justifica los medios” puede tener éxito en el terreno legal del siglo XX.
Veamos. Para los perros de la ley no existe tal cosa llamada verdad, sino tan sólo argumentos diferentes que se pueden usar para que un cliente gane. Si va a ayudar a un cliente decirle al juez que El libro de Urantia no es un libro religioso, entonces lo harán si ninguna reserva. Esto es un argumento legal, y no tiene que ser verdad. Esto lo prueba el hecho de que al mismo tiempo que los abogados de la Fundación usaban este argumento en Arizona, ellos (Martin Myers en oposición a los Fideicomisarios de la Fundación) argumentaban que El libro de Urantia era claramente un libro religioso. Creo que esto es lo que el antiguo Fideicomisario Pat Mundelius llamaba hablar con “legalismos”. Yo había pensado que en toda charla legal se intentaba encontrar la verdad. La verdad es poderosa y está viva, y para ser ignoraba debe conscientemente rechazarse. Creo que el sistema legal es capaz de encontrar la verdad. (Mientras que la verdad no se amañe o dogmatice, se puede encontrar.)
El problema es que una vez que la Fundación tomó este camino en la que la verdad se abandona y en la que todo no es sino un argumento para conseguir un supuesto “bien mayor”, no hay nadie que mire desde fuera este posicionamiento sectario que pueda justificar este negación de Jesús, que no es sino el Espíritu de la Verdad.
Reflexionad cuando el antiguo Sanedrín determinó que “el fin justificaba los medios” en relación a una revelación de los tiempos. Su casa se les quedó desierta. Jesús simplemente no aprobará el sacrificio de la verdad por un supuesto bien mayor. Si se quiere obrar simplemente en términos legales, se obra en un vacío moral. Los Diez Mandamientos y las normas de Dalamatia no tienen aplicación. Ese fue el argumento de Clinton, “no tuve sexo con esa mujer”. Legalmente, se pueden buscar argumentos para ganar un pleito. Quizás la Fundación realmente crea que no es “presentar testigos falsos” cuando alega que Bill Sadler o el foro o la comisión de contacto o el sujeto dormido es el “autor humano” de los Escritos de Urantia, pero simplemente están aportando todos los “argumentos legales” que necesitan para “ganar” lo que creen que es el bien mayor, los derechos de autor.
La conmoción e indignación de los creyentes en relación a la “presentación de testigos falsos” de parte de la Fundación se ve en la Fundación y sus seguidores como una reacción pueril e ingenua con respecto al “mundo real” en el que la Fundación actúa. Las afirmaciones que los creyentes ven como atroces mentiras, simplemente se ven por los seguidores de la Fundación como estrategias legales de sentido común. Por ejemplo cuando el fideicomisario Phil Rolnick dijo que la Fundación Urantia “era la propietaria” en este mundo del Estandarte de Miguel y que nadie podía usarlo sin permiso de ellos, seguramente pensó que era un argumento legal que ayudaría a esta organización sectaria a conseguir un objetivo: controlar el emblema de la Trinidad del Paraíso. Pero cuando le oí hacer estos comentarios, le dije que era un enfermo mental.
Tal como vemos, la Fundación “ha ganado” su litigio en relación a los derechos de autor convenciendo a la Corte de Apelación de que los Escritos de Urantia tienen autoría humana. Para los miembros cercanos a esta organización sectaria el fin ha justificado en verdad los medios. ¡Los perros de la ley han recuperado los derechos de autor que reclamaban cuando todo lo tienen perdido!
Y su casa se les ha quedado desierta.
*Estos párrafos deben su título a "Cry Havoc and let slip the dogs of war," un verso escrito por Shakespeare.
(Traducción de Ángel Sánchez-Escobar)